La ganadería trashumante es una actividad en regresión. Los pastores se hacen mayores y no encuentran relevo generacional. La dureza del trabajo, sin días libres y sufriendo las inclemencias del tiempo, y la escasa rentabilidad del negocio, claves en la decadencia del sector. Las administraciones ofertan cursos y subvenciones para atraer a jóvenes. De ellos depende el futuro de la actividad y mantener la economía de muchos pueblos. "Yo no quiero dedicarme a las ovejas. Se pena mucho, hay que tener muchas para ganarse la vida y siempre estás sufriendo. Yo estudiaré para cirujano". Así de claro lo tiene Miguel, con apenas 10 años. Es hijo de Antonio Punzano, pastor trashumante de Santiago-Pontones, en la Sierra del Segura, Jaén. Antonio relevó a su padre al frente de la explotación hace ya 19 años, y en este tiempo ha tenido que doblar el número de cabezas para ganar lo mismo que ganaba su antecesor: "y aun así no es rentable. Los costes son muchos y el precio del cordero está igual que