Yemen y Noruega: no cabe imaginar dos países más distintos. Sin embargo, algo tienen en común: el calentamiento global se deja sentir en ambos, aunque con diferentes efectos. El cambio climático no conoce fronteras, y a él pueden achacarse crisis humanitarias, migraciones masivas e incluso guerras. ¿Está sellado el destino del planeta? ¿Serán suficientes las medidas que está tomando la comunidad internacional para frenar un proceso de consecuencias potencialmente catastróficas?