Selin decide independizarse y encuentra la casa de sus sueños. Sin embargo, el idilio con su nuevo hogar se ve interrumpido cuando Demir entra en acción. Ambos son los dueños de la mitad de la vivienda, pero no lo saben y se acusan mutuamente ante la policía de ser unos intrusos. Mientras tanto, el padre de Burak nombra un nuevo director para la empresa y decepciona a su hijo.