La familia Cortázar no está dispuesta a permitir que el nuevo Miguel eche por tierra todo el trabajo de los últimos años. Don Vicente comprende que ha llegado el momento de que su hijo deje de ser el director de las bodegas y pone en marcha su plan: una denuncia conjunta de la familia para inhabilitarlo. La situación de Miguel repercute directamente en los Reverte. Después de haberlos compensado por el precio de la uva, la inhabilitación supone la anulación de todos los acuerdos y, por lo tanto, un nuevo problema para Lucía y su familia; si no consiguen el dinero y pagan, se enfrenta a una orden de embargo. Tienen dos días o les quitarán su casa y su bodega y los dejarán en la calle.