Poco queda hoy de aquellos maragatos que recorrieron los caminos, con sus recuas de mulas, de Galicia a Madrid, de Madrid a Galicia. Sólo el recuerdo de los descendientes se abre paso entre las viejas fotos colgadas en las gruesas paredes de las casonas. Pero aún hay ocasiones para ponerse el traje maragato y danzar al son del tamboritero antes de sentarse ante un buen cocido, un cocido maragato, primero las carnes, después los garbanzos y al final la sopa. Aún hay ocasiones para preguntarnos: ¿quiénes fueron los maragatos?