El poblado El Gallinero, en Madrid, ya no existe. Una pala mecánica derribo las últimas chabolas. Entre los restos de plástico y cartón podía verse algún juguete, cuadros y objetos personales. Los técnicos aconsejaron a las familias que se llevaran lo imprescindible para no trasladar ninguna plaga a los pisos donde los realojaban. Porque allí se vivía en la miseria. Eran las últimas 30 familias de El Gallinero. Unas 110 personas, la mitad de ellos niños, de origen rumano y etnia gitana. El Gallinero era una vergüenza difícil de ocultar. Allí vivían sin las condiciones de salubridad adecuadas. Sólo hace dos años se puso hormigón y se instalaron baños, pero ya habían pasado más de diez años habitando un barrizal en invierno, inundaciones y de ratas, soportando frío y calor extremo.