Barbate ofrece estos días una imagen insólita: los barcos amarrados y centenares de marineros en tierra. Los pescadores no saben qué hacer, están preocupados porque desde el pasado 14 de diciembre no cobran. Están a la espera de recibir la ayuda que les ha prometido el ministerio de Agricultura. Mientras tanto, muchos sobreviven con la pensiones de sus padres.La prohibición de pescar en el norte de Africa repercute en las fábricas de conservas y salazones, en las empresas de exportación y sobre todo en la lonja donde el 70% de las ventas es de lo que se pesca en aguas marroquíes.En la lonja se echa de menos el preciado boquerón marroquí. Solo entra el pescado del Golfo de Cádiz, un caladero del que se saca poco porque está prácticamente esquilmado.