La insatisfacción con el sistema político en Chile fue como un rescoldo entre las cenizas. Más de tres décadas de injusticia social y desigualdad en la repartición de las riquezas del país provocó que la brecha social se abriera aún más. En medio de las protestas, un elemento afectó no solo a Chile, sino a todo el mundo. El brote de la COVID-19, que rápidamente se convirtió en una pandemia mundial causando miles de muertos y millones de contagiados. Las secuelas económicas de la pandemia, el desempleo, la ineficacia en el manejo de la pandemia y miles de cosas más poco a poco evidenciaron las fracturas existentes en las autoridades. El estallido social reveló una sociedad consciente de sus precariedades, que no estaba dispuesta a verse coartada por repartos  particularistas de la política. A esto se le sumó la pandemia, que hizo inviable el sistema de focalización y segmentación de la distribución, tensionando la demanda de estructuras universales de apoyo social, que tomó por sorpr