Era un hombre de ciencia y un deportista nato, un ídolo popular que no le temía a las aventuras ni a los desafíos. Tenía una ambiciosa obsesión: cruzar los Andes desde el aire. Y quería ser el primero en hacerlo. Estudió las corrientes de aire, los vientos de montaña, investigó una y otra vez la forma adecuada. La muerte se lo llevó mientras él se preparaba para ese gran momento.