El primer programa de El verano de nuestra vida viaja hasta el momento en el que la Expo era sólo un sueño. La Expo empezó mucho antes de que las máquinas llegasen al meandro de Ranillas. El programa viaja hasta 1999 cuando Zaragoza soñaba con un Ebro navegable, cuando las riberas pedían una vida nueva y la Expo era la oportunidad. De la mano de uno de los ideólogos de la muestra, Paco Pellicer, el espectador descubre cómo fue aquel proceso. El 16 de diciembre de 2004 es una de esas fechas para el recuerdo. El programa revive aquel frío jueves en el que Zaragoza se impuso a Trieste y Tesalónica como sede de la muestra internacional. Voluntarios y trabajadores resucitan la ilusión de aquella noche. Recordamos como se vivió en Paris y como se vivió en Zaragoza.