Los investigadores George y Martha Gey se pasaron 20 años buscando una manera de hacer crecer indefinidamente una célula humana en el laboratorio. En 1951 lo consiguieron pero las células inmortales que encontraron resultaron ser cancerígenas. Provenían de una biopsia de Henrietta Lacks, una mujer de 31 años que murió de cáncer de útero. En los siguientes 50 años muchos investigadores han revelado los secretos de la inmortalidad de las células cancerosas y así se ha puesto de manifiesto que los mecanismos del cáncer y la biología del envejecimiento son procesos que están más relacionados de lo que creíamos. Tres 14 entrevista a María Blasco, vicedirectora de Investigación Básica del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas, que nos explica cómo se puede llegar a la inmortalidad.