Servir de una tacada diez platos en un restaurante podría parecer, según los ojos de quien los mire, un ejercicio salvaje de eficiencia (o explotación) laboral, una compleja práctica acrobática, una suspicaz maniobra hostelera en nombre del marketing o una rebuscada forma de ganarse las propinas. A alguna de estas conclusiones debieron de llegar los comensales de un restaurante de la ciudad china de Chongqing cuando vieron su plato aparecer, junto a otros nueve, sobre la cabeza del camarero, quien diligentemente les sirvió su guiso sin derramar ni una gota. 07/03