Ricard Terré siempre se consideró a sí mismo como un "aficionado", un amante de la fotografía encontrada cuya obra se sitúa por derecho propio entre las más importantes de la fotografía española del Siglo XX. Sus imágenes le valieron el premio Bartolomé Ros a la "Mejor Trayectoria Nacional en Fotografía" en la edición de PHoto España 2008, donde nos habló sobre las constantes de su trabajo: su interés por mostrar lo universal del hombre y la fuerza del blanco y negro.