Granada debe rendirse. Así lo ha decidido Boabdil, viéndose aislado y amenazado. Pero no entrega el reino hasta el último momento. En su ausencia, Aixa opta por no dejar piedra sobre piedra. Está dispuesta a destruir la Alhambra e inmolarse con los suyos antes que capitular. En la corte de Isabel ya piensa en el futuro. Las diferencias de opinión sobre cuál debe ser el destino del dinero sobrante de la guerra llega a provocar el enfrentamiento entre los reyes. Isabel es partidaria de apoyar la expedición de Colón, pero Fernando no ha olvidado su promesa de recuperar los condados ocupados por los franceses. Torquemada considera que la política en la Granada ocupada ha de ser más contundente contra los infieles derrotados. Amenaza con acusar a los reyes ante Roma por tolerar la herejía. Para evitar perder el favor del papa, Isabel y Fernando se plantean la expulsión de los judíos.