La llamada de los grandes espacios, de las paredes que desafían la gravedad, del vacío... constituye un elemento del que muchos no pueden sustraerse. Julio Verne puso en boca de uno de sus personajes el irresistible atractivo de un vacío que se apoderaba de todo su ser de manera incontrolable. Escribió que nada tenía más fuerza que él; que nada embriagaba más que el abismo. Acurrucado a los pies de inmensas torres de pudinga que en esta región se denominan mallos, se sitúa el bello pueblecito de Riglos. Un lugar marcado por formidables caminos verticales. Ana y Cecilia son dos personas que, junto a David, están atrapadas por esos caminos. Hoy se dan cita aquí para recorrerlos.