Pasado un rato, y cuando parecía que todo estaba prácticamente calmado, Anita no paraba de dar vueltas por el jardín. Todos estaban pendientes, para evitar que saliera corriendo una vez más, pero Andrea estaba a su vez pensativa. Y, según vio que Anita echaba a correr una vez más, no se lo pensaba dos veces y decidía salir corriendo también.