Los desiertos de nuestro planeta comparten gran parte de sus características menos atractivas para la vida, como la falta de agua, los bruscos y rápidos cambios de temperatura, a veces desde los 40 grados del verano hasta los 40 bajo cero del invierno, además de una gran cantidad de elementos negativos, que no impiden, sin embargo, la presencia de plantas y animales gigantes que han sabido adaptarse para conseguir salir adelante.