En su desesperación, las hermanas Silva venden parte de sus muebles a un anticuario, pero no se atreven con el cuadro de su madre. Ante la amenaza de Carolina de buscarse otro proveedor, prefieren cumplir de manera irregular sus compromisos con la Villa de París. La apuesta de fabricar telas para mesas de billar podría funcionar, gracias a que Celia ha traducido un libro inglés, con las instrucciones.