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personal

Una vez quise ser astrónomo

Cuando uno va haciéndose mayor puede reconocer en su personalidad fragmentos de otros.

Algunos son grandes como los valores, que en mi caso provienen en su mayoría de mis padres aunque yo los haya hecho propios a mi manera. O como la inspiración de aquel profesor de matemáticas que me demostró que habia obstáculos que yo no podia superar, pero luego me enseñó cómo superarlos.

Y luego están los pequeños fragmentos que aprendes de la gente, insignificantes en tu día a día pero valiosos. Una canción, un juego, una frase, saber apreciar un buen vino. Y en mi caso, también el amor por la ciencia.

La culpa de mi pasión por la ciencia tiene varios nombres, pero hoy quiero hablaros de uno relacionado con la televisión: José María del Río.

Tengo un recuerdo borroso, de una pequeña tele de color rojo una calurosa tarde de verano. Emitían en blanco y negro Cosmos, la serie de Carl Sagan sobre astronomia. Y yo era tan pequeño que no entendía nada.

Pero recuerdo perfectamente aquellas imágenes increíbles, la música perfecta, y la voz de Carl Sagan hipnótica y mágica. De verdad que por la noche soñaba con galaxias y planetas.



Más tarde descubrí en Vangelis aquella música, y pude entender lo que contaba el documental. Carl Sagan hizo un trabajo excepcional acercando la ciencia a todo el mundo, pero el resto del mundo no ha podido disfrutar de Cosmos como los españoles porque ellos no lo vieron doblado con la voz de Jose María del Río.

Desde luego es su voz la culpable de mi pasión por los documentales, y en buena parte de mi amor por la ciencia y de que alguna vez yo quisiera ser astrónomo.

Muchas gracias macho, te deseo lo mejor.

Acabo ya, con una entrevista a Jose María del Río por si nunca le habéis puesto cara. Si no habéis visto Cosmos reconoceréis en su voz al narrador de Pocoyó, y por supuesto el de cientos de documentales de La 2. De los de dormir la siesta :)



Últimamente no escribo mucho

Últimamente no escribo mucho.

Y no es por falta de ideas, ya que tengo un bloc de notas donde tengo varias ideas de entradas e incluso borradores del texto que me gustaría escribir en ellas.

Pero es que me he dado cuenta de que simplemente no soy capaz de escribir cuando no se dan las circunstancias apropiadas.

Y eso que puedo programar software cansado, incluso medio dormido, pero no puedo escribir. Puedo programar software cabreado, pero no escribir. Puedo programar software preocupado, tenso o estresado.

Pero no puedo escribir.

Como estudié ciencias en lugar de letras, y luego hice ingeniería en lugar de literatura, supongo que mi cabeza se ha acabado acostumbrando al pensamiento racional y escribir es un poco… otra cosa.

Lo bueno es que cuando recupero la compostura, las cosas se relajan, y el trabajo afloja, entonces puedo volver a escribir. Algo se desconecta, de nuevo me resulta sencillo hacerlo, y es cuando vuelvo a descubrir que me resulta enriquecedor y estimulante.